lunes, 22 de julio de 2013

ONU para los DDHH: Defensoría corre el riesgo de la pérdida de confianza si se partidariza

Ideeleradio.- La Defensoría del Pueblo del Perú tiene un reconocimiento nacional e internacional, pero se corre el riesgo de que pierda la confianza de la población, si se nombra a una persona con militancia política, advirtió Amerigo Incalcaterra, representante regional para América del Sur del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

“Mire el riesgo principal [de que se partidarice la Defensoría] es la pérdida de confianza a una institución. Si la ciudadanía pierde confianza realmente ya pierde el propio propósito de existencia de la propia institución, ese es el daño mayor. No sirve de nada tener una institución que no tiene ningún tipo de confianza ni respaldo ni credibilidad por las actuaciones que realice”, declaró en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.

“No nos olvidemos que la Defensoría del Perú ha sido y ha jugado en momentos muy difíciles roles muy importantes, ha tenido un reconocimiento internacional desde hace muchos años, por eso es tan sentido, no solamente al interior del Perú, pero internacionalmente todo lo que puede suceder en la elección de este importante cargo”, apuntó.

El representante regional para América del Sur del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos indicó, del mismo modo, que ya han ocurrido algunos casos, en muchos países, en los que una institución tan importante pierde completamente credibilidad.

Estados hacen mal al considerarla como adversario político
Amerigo Incalcaterra indicó que los Estados hacen mal al considerar a la Defensoría del Pueblo como un adversario político, cuando en realidad el trabajo de esta institución fortalece al propio Estado.

“La función y el mandato del defensor del Pueblo es un mandato muy sensible, porque en definitiva lo que hace el defensor es defender aquellos derechos de todos los ciudadanos frente a las posibles violaciones cometidas por el Estado. Entonces por ahí está el nudo del problema, si nosotros entendemos que esa figura en la que el Estado nombra es considerado como el adversario político, evidentemente hacemos mal”, señaló.

“Si en cambio entendemos que esa función es para fortalecer al propio Estado, como debe ser justamente, porque el Estado en su cometido, a veces, puede llegar a cometer violaciones de derechos humanos y es bueno que haya una institución completamente independiente y autónoma que pueda marcarle eso al Estado, porque eso viola los mismos pactos y tratados no solamente internacionales, también la misma legislación interna de un país. No nos olvidemos que la Defensoría no es una ONG, la Defensoría es una institución del Estado”, subrayó.