Ideeleradio.- El Estado no es el agente de inversión, sino el que representa los intereses de la sociedad en su conjunto y por eso los conflictos sociales no tienen que ver con un cargamontón contra el presidente Ollanta Humala, afirmó el exministro de Justicia, Diego García Sayán, al considerar que lo que se requiere es hacer ajustes en las políticas del Gobierno, construir la institucionalidad y los mecanismos adecuados de procesamiento de estas demandas.
“Lo que yo siento es que los gobiernos en general y no me refiero solo al gobierno solo del Perú, cuando estallan están demandas sociales por ser consultados por pedir esto o pedir el otro, parecería que están enfrentando una anomalía y lo que se está enfrentado es una perfecta normalidad, a la cual primero hay que adaptarse y, en segundo lugar, lo que falta todavía es construir la institucionalidad y los mecanismos de procesamientos de esta demanda adecuados”, señaló en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.
“Siento que las cosas en el Perú han tenido en los últimos meses muchísimos problemas por la falta de compresión, pese a que yo estimo que en el presidente Humala y en la mayoría de los ministros hay muy buena fe y todo el propósito de hacer bien las cosas, pero no están saliendo bien de manera que es momento de hacer correctivos, sabiendo que aquí no es que haya un cargamontón contra el presidente Humala sino que hay problemas que son muy parecidos a los que se viven en otros lados”, manifestó.
Remarcó que el Estado no es el agente de inversión, sino más bien es el que tiene que representar los intereses de la sociedad en su conjunto. Por ello, sostuvo que debe haber temas de sintonía y de modulación y que lo que se debe tener es una clara percepción por parte de la sociedad de que el Estado está de lado de la gente y que el Estado “a veces le arranca algunas cosas a las empresas sin poner en peligro la inversión”.
No basta con repetir que se necesita presencia de Estado
García Sayán dijo que le preocupa la situación de conflictividad en el país y que hay que hacer ajustes en la definición de las políticas de gobierno. Afirmó que no basta concretar algunas obras públicas o repetir que se necesita más presencia del Estado.
“No basta con repetir se necesita más presencia del Estado y arrinconar y hacer algunas obras públicas. Yo creo que la gente a estas alturas del desarrollo democrático espera no sólo ver obritas que se hagan, quiere tener un sitio en el proceso de las toma de decisiones. Antes no era así, antes se daba una concesión venía la inversión y si la gente pataleaba bueno iba la guardia de asalto y ponía orden y se acabó el asunto. Hoy no es así y los gobiernos democráticos no están dispuestos a que la inversión se dé sobre la base de la sangre de la ciudadanía”, aseveró.
Indicó que cuando existe un contexto de crecimiento de la economía y un aumento de la inversión, automáticamente las expectativas aumentan al margen que haya o no un discurso político que las promueva, como pasa por lo general en todo proceso electoral.
“Yo creo que hay un ingrediente cualitativo que hay que entender como asunto prioritario que es el derecho a la participación, eso es cualitativamente desde el punto de vista de la auto percepción de la dignidad, del respeto como ciudadano, mucho más importante que cuánto se va a recibir al final […]”, ratificó.
“Preocupa la situación de conflictividad en el país y estoy seguro que por eso es tan importante hacer ajustes en la definición de estas políticas que son absolutamente fundamentales que es establecer con la sociedad, con la población en estas zonas y en torno a estos temas tan sensibles una dinámica proactiva, donde la iniciativa esté en manos del Estado[...] La misma Xstrata de Tintaya en las Bambas viene invirtiendo desde hace mucho tiempo dinero en un proceso de diálogo social”, comentó.
Conflictos: Una realidad de 14 países de América Latina
Argumentó que cuando se sostiene que hay agitadores que promueven las protestas sociales se incurre en la típica simplificación de la realidad, cuando en general las respuestas no están funcionando. Si bien no negó la posibilidad de que haya agitadores, opinó que la explicación a la conflictividad social se dará cuando se conciba que esta es una realidad extendida no solo en Perú, sino en otros trece países de América Latina.
“Por ratos parecería que hay una especie montaje en el Perú para hacerle la vida imposible al Gobierno o a la inversión minera con esta, efectivamente, importante conflictividad social que hay en torno a la inversión minera y a los temas ambientales, viendo más allá del árbol y del bosque, se encuentra que hay no menos de 14 países en América Latina que tienen una situación muy parecida”, explicó.
“¿Qué es lo que está pasando? ¿De pronto ocurre que los llamados ecologistas han adquirido una capacidad de organización y de movilización, absolutamente espectacular en América Latina? O que hay algunos datos en la realidad que explican estos conflictos, sin negar por supuesto, que en todas las situaciones pueda ver agitadores y gente interesada en meterle más leña al fuego. […] Algo está fallando; está fallando entender, primero, que la gente hoy en día tiene una noción de sus derechos, a veces distorsionados, pero la gente sabe que hay un derecho a ser consultado y hay una obligación en consecuencia de organizar las cosas […]”, acotó.
Estados arrastran los pies con procesos de consulta
Apuntó, finalmente, que el proceso de diálogo no puede ser algo a lo que el Estado se resigna, sino que debe ser considerado una iniciativa. Por ello, cuestionó que parecería que el Estado “arrastra los pies” cuando se trata de llevar a cabo los procesos de consulta.
“En los procesos de consulta como que parecería que los Estados arrastran los pies, a regañadientes, ese es un componente esencial del proceso de inversión y tiene que ser entendido así, como lo han entendido, creo yo antes que los gobiernos, muchísimas empresas transnacionales que entienden que esta dinámica de construir una buena relación con la población, no solamente es un requisito para poder hacer la inversión, sino para poder sostenerla a lo largo del tiempo”, añadió.
“El proceso de diálogo no puede ser algo a lo que el Estado se resigna, sino que tiene ser algo en donde el Estado tome la iniciativa y los procesos de consulta no deben ser asumidnos como una penalidad del Estado tiene que asumir, sino que al revés como uno de los elementos que enriquecen la capacidad democrática y de acción del Estado, yo creo que la sociedad mayoritariamente va a apoyar esos esfuerzos, porque todos sabemos que esta inversión es absolutamente esencial para mantener el crecimiento económico del país, y para poder reducir la pobreza como se está avanzando de alguna manera”, concluyó.



